1.- El color del tatuaje

El color negro es el más sencillo de eliminar y por ello requiere menos sesiones que un tatuaje que contenga pigmentos de colores. Entre los diferentes colores el color rojo o el verde son más sencillos de eliminar que el azul o el amarillo.

La dificultad en la eliminación también se incrementa si el tatuador ha obtenido algún color mezclando tintas. Por ejemplo, el color blanco, debido a su composición, tiene una gran resistencia al láser y suele ser difícil de eliminar.

 

2.- La cantidad de tinta que contenga el tatuaje y la profundidad de la misma

Cuanta más tinta tenga un tatuaje, más difícil será eliminarlo. Sobre todo, cuando un tatuaje se ha repasado en diferentes ocasiones. Los tatuajes muy densos como los japoneses, los tatuajes tribales o los maoríes suelen tener una gran cantidad de tinta. En cambio, los tatuajes hechos con técnica de sombreado tienen poca tinta y suelen requerir menos sesiones.

Otro ejemplo son los covers, aquel tatuaje que tapa otro tatuaje. Por norma general será como eliminar dos tatuajes, ya que, al ir eliminando el cover, irá apareciendo el tatuaje original.

Gracias a la tecnología láser podemos eliminar un tatuaje antiguo o no deseado dando vía libre a hacer uno nuevo en mejores condiciones. Aprovecha la oportunidad para hacerte un diseño más actual y perfeccionado, adaptando el diseño a tu gusto personal y con las técnicas de tatuaje más actuales.

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3.- Antigüedad del tatuaje

Hay que tener en cuenta que, aunque un tatuaje antiguo de más de 10 años suele eliminarse más rápido debido a que la tinta está más degradada, también puede darse el caso de que al estar hecho con tintas de inferior calidad o con alto contenido en metales su eliminación total puede requerir algunas sesiones más.

Los tatuajes recientes contienen mayor cantidad de tinta de mejor calidad. Las tintas que existen a día de hoy son más resistentes a la degradación natural o al efecto del sol, por lo que pueden resistirse a la acción del láser. Pero, por supuesto, también se pueden eliminar.

Los tatuajes recién hechos no son aptos para eliminar hasta que no han pasado un mínimo de entre tres y seis meses. Debida al proceso de cicatrización, parte de la tinta aún permanece en la epidermis, por lo que el impacto del láser puede producir heridas susceptibles de dejar cicatrices.

 

4.- Los diferentes modelos de láser que hay en el mercado

No todos los láseres sirven para eliminar tatuajes, ya que algunos están enfocados a eliminación de vello, otros a tratamiento de cicatrices, varices o cirugía oftalmológica. Además existen diferentes tipos de láser dependiendo de sus componentes: Rubí, Alejandrita, Neodimio:Yag, Diodo, etc.

Cada uno de ellos tiene una longitud de onda diferente, que los hace más o menos eficaces según si la tinta es negra o de color, y más efectivos dependiendo del tono de piel.

La potencia de un láser también es importante, ya que cuanto más borrado esta el tatuaje, más pequeña y profunda es la partícula de tinta. Es en esos estados cuando una mayor potencia es necesaria.

Por norma general, el láser de ND: Yag es el más dinámico, ya que funciona muy bien tanto en colores oscuros como en claros gracias a su filtro KTP (KTP es la composición de su lente, Potasio-Titanio-Fosfato, que varia la longitud de onda de 1064nm a 532nm, haciéndolo más efectivo con los colores rojo, verde, amarillo, que suelen ser los más difíciles de eliminar). Este tipo de láser tampoco afecta a la melanina, por lo que se puede utilizar en pieles muy oscuras.

Todos estos láseres tienen incluida la tecnología Q-Switched, que transforma un láser continuo a uno de pulsos. Esto permite alcanzar potencias más elevadas en un corto espacio de tiempo, convirtiendo un láser térmico en un láser Foto-dinámico, que no produce quemaduras siempre y cuando se aplique correctamente.